Cuando era niño,
mis
adultos me reprochaban,
por que
yo no tenia dignidad.
Ser digno, me enseñaban,
es responder con rabia
a la
rabia del otro.
Yo era ignorante y no pensaba que la rabia
de nadie
era en contra mía.
Yo creía, que era solo
su
propia Confusión.
Yo no
sabia, era ignorante.
Aprendí a ser digno y comencé a sufrir…
Otro día, mis amigos me enseñaron,
que
estar a la moda, era tener ropa
con un
escudito que era elegante,
y que no
tenerlo, me hacia menos
que los
demás.
Mire mi ropa, yo me sentía bien
con mi
camisa roja, pero no tenia escudo.
Aprendí entonces, que era menos, que yo
era
menos que los demás, que no era elegante.
Y comencé a sufrir…
Otro día, mi maestro me dijo,
que si
yo no tenia buenas calificaciones,
y no era
de los mejores del curso,
no me
podía sentir orgulloso de mi mismo.
Yo disfrutaba la escuela, pero mis notas
no eran
nada especial.
Entonces, aprendí que no podía
sentirme
orgulloso de mi mismo.
Alguna vez en mi adolescencia,
conocí a
la muchacha mas hermosa
de este
mundo, nos acercamos,
nos
descubrimos y antes de que
parpadeara
de nuevo, cada uno
tomo su
camino.
Pensé, que había
sido
maravilloso, que el ciclo estaba
completado.
Pero los que sabían de amor me enseñaron,
que yo
era inestable y disfuncional.
Recordé mi relación, con mis encuentros
y
desencuentros, a veces la ame a veces
la odie,
como el día y la noche,
creía
que era normal,
pero
ellos sabían mas de amores.
Entonces, aprendí a sufrir en mis amores…
Después cuando papá se fue de la casa
yo me sentí feliz,
por que el no parecía feliz en la casa
y aunque era un buen
hombre, por sus propias razones quería
seguir su camino.
Yo pensé que papa se había ido
pero me ensenaron que Papa
me había abandonado;
que me faltaba un Papa.
Yo no sabia!! Yo me sentía
completo con Mama.
Pero los que sabían de afectos
me ensenaron que debería llorar
y sentirme triste si alguien partía
un día
un amigo, a quien todos
llamaban distinguido,
me
enseño que existía la comida
exquisita,
los sabores refinados,
que
había gente ordinaria que no
sabia
valorar un buen plato.
Yo hasta ese momento, disfrutaba
con
entusiasmo y gratitud,
cualquier
plato de comida que la vida
generosa,
me pusiera en frente a la hora
de la
cena.
Pero aprendí, que yo era ordinario
y que
debía estar feliz, solo cuando
tuviera
un plato de comida exquisita
en
frente y para ser mas refinado
debería
criticarla.
Lo mismo, me enseñaron con los vinos
y la
música. Con la casa en la que vivía.
Me parecía tan lindo mi cuarto,
me
gustaban los vecinos,
Yo me sentía feliz con mi casa.
Pero me enseñaron, que si
quería
ser feliz, tenia que buscar
una casa
mas grande.
Aprendí
que no podía ser feliz
hasta
que no la tuviera, pero
aunque
la conseguía, siempre
había
otra mas grande que no
me
permitía ser feliz.
Un día leí un libro y me encanto,
leí otro
y otro, me descubrí
y me
encontré de otra manera.
Entonces alguien que leía muchos libros,
me dijo
que si quería sentirme
culto,
tenia que leer algo que
al
leerlo me pareció enredado
y
tormentoso.
Aprendí a ser culto y deje de leer
lo que a
mi me gustaba y leía lo que
otros
decían.
Hoy, que tengo los pelos blancos
me doy
cuenta que quiero
ser
ignorante de nuevo.
Quiero tocar la mano de quien
quiera,
mirar a sus ojos y a su alma
ignorando
su pasado o el mío.
No quiero saber que hace o cuanto
gana el
otro, solo quiero saber,
como es
un regalo para mi vida,
como es
un maestro, que me envío
el
universo para ayudarme a ser mas feliz.
Me encanta de nuevo mi camisa roja
sin
escudos y esas medias viejas.
No quiero saber de comidas exquisitas,
solo
sentirme inmensamente feliz
de poder
comer, disfrutar el sabor
de una
fruta fresca, o el sabor amoroso
de una
cucharada de sopa tibia.
No quiero saber en que barrio vivo,
por que
este es perfecto.
Se, que
mi cama me recibe
cada
noche.
Ahora se, que todo lo que quiero
es ser
feliz y no necesito
saber
nada, todo que necesito para
Ser
feliz, lo se ya.
Autor: Carlos Devis